martes, 20 de septiembre de 2011

Restaurante Le Bistró, León - Opinión - Decepcionante

Habitualmente no escribo reseñas de los restaurantes a los que voy, pero como en este caso me guié por las opiniones aquí vertidas, creo justo poner mi experiencia para que otros incautos no caigan como lo hicimos nosotros.
Fuimos a cenar dos parejas. El menú ofrece varios platos de cocina exótica: tailandesa, japonesa, egipcia... Cada plato para dos personas, tiene un precio de 46 €.
Dado que íbamos cuatro personas, pedimos dos de estos platos: el de cocina tailandesa y el de egipcia.
El plato tailandés consistía en una ensaladera rellena en su mitad inferior de arroz blanco sin condimento alguno, ni siquiera sal, y en su mitad superior simples verduras a la parrilla. Lo que viene siendo un arroz con verduras, vaya, con su pimiento, su tomate y su berenjena. Ni una salsa, ni una especia que le diera un sabor especial. Tuvimos que pedir salsa de soja para poder darle un toque al insípido arroz. Se dejó comer porque unas verduras a la parrilla es difícil hacerlas mal, pero en fin...
El plato egipcio consistía en una ensaladera igual a la tailandesa, rellena en su mitad inferior del mismo arroz blanco insípido (curiosa la similitud entre dos cocinas tan distantes geográficamente), y en su mitad superior una amalgama indescriptible de gambas congeladas de mala calidad y trozos de pescados inidentificables con todo el aspecto de reciclado de sobras. De nuevo sin una salsa ni una especia que le diera algún toque especial. Incomestible, quedó prácticamente intacto en su ensaladera. La camarera (y propietaria, según nos dio a entender con sus palabras) lo retiró sin tener la cortesía de preguntar si había algún problema, regla básica cuando ves que el cliente no ha tocado el plato.
Pedimos tres postres, cuyos precios y denominaciones nos habían creado expectativas. De nuevo falsas en dos de los casos: el coulant tenía un hojaldre con cierto aroma a cordero (¿aceite reciclado o freidora poco limpia?), y el pastel de queso estaba seco y sin mucho sabor a queso. Los comimos por pura hambruna.
Total, con bebida y pan, la cosa se fue a 130€ para cuatro personas que salieron hambrientas y con la sensación de haber sido timados. Y, modestamente, hablamos con conocimiento de causa y experiencia hostelera, desde tascas de mala muerte (y buen paladar) hasta restaurantes de lujo en España y el extranjero.
Una última nota negativa que no puedo dejar pasar: siguiendo una fea costumbre que se da últimamente en los restaurantes, las mesas estaban tan juntas que me encontré más cerca del desconocido vecino de mesa que de mi mujer (al otro lado de mi mesa). Es embarazoso tener una conversación en estas circunstancias.
Por destacar lo positivo: el pan era bueno, el local está bien decorado, la música bien seleccionada y al volumen apropiado, y los platos de carta que servían en otras mesas tenían mejor aspecto que nuestras exóticas delicatesen.   

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